miércoles, 25 de junio de 2008

Biografía

Hoy le he dicho a una mujer que me gustaba, ya de día. Sereno, con la templanza de unas copas. Habíamos pasado la noche hablando. Ella estaba en mi cama; bueno, en la mía no, claro, en la de invitados. Estoy pensando en quitarla porque las mujeres que duermen en mi casa se acuestan ahí. Ella ha sido un encanto. Asentía con el alma lejos de este barrio. Me he echado un par de horas y me he ido a trabajar, no sé qué papeleo. Ella se quedó durmiendo y luego se ha ido. Tengo mucho sueño y el corazón como el muslo de José Tomás: cosido, dispuesto, acostumbrado. Supongo que al marcharse habrá hecho la cama. Aún no me he acercado.

viernes, 13 de junio de 2008

Va por ustedes

Valle Inclán, desde el tendido, a Juan Belmonte:
- Maestro, sólo le falta a usted morir en la plaza.
- Se hará lo que se pueda.



Caigo en que, sin querer, me ha salido una página bastante taurina, por los colores. Desde hace un año me voy aficionando a los toros, para mofa de unos y espanto de otros. O indiferencia, las más veces. Sab dice de cariño que soy un progre de estos que han salido ahora con lo del toreo. No sé. Quizá. Aunque creo que carezco de voluntad para tanta afectación. Mi creciente nihilismo, aumentado por el estío, hace que me oriente sólo por apetencias, desganas y deseos.

Quitando el paño de cocina sujeto a una vara de mi abuelo, por mi infancia, con el que daba naturales sin saberlo, y el tipo de torerillo (o tipillo de torero) que mi madre me achacaba de vez en cuando, he sido un gran antitaurino casi siempre. Crecí escuchando Rojo, de Barricada. Incluso ahora me despisto una vez el torero ha entrado a matar.
El debate sobre los toros es cansino y apenas me interesa; creo, además, que lo tienen ganado los antitaurinos de calle. El otro día hablaba un chaval en el Quintero, uno que saltó en Las Ventas para protestar. Sus argumentos eran irrefutables: el arte es relativo; la tortura es un absoluto, unívoca e inequívoca. Esto trata de poder (mientras quieran las leyes) o no poder. Mientras se pueda, seguiré con los toros, pues he antepuesto el arte (a mí me picó) a la moral, la barbarie a la civilización.

El toreo es sobre todo una metáfora. A cada lance, a cada palabra de su inagotable vocabulario le encuentro y le busco alguna correspondencia. Muchas están en el lenguaje diario: entrar al trapo, ver los toros desde la barrera, estar al quite, cambiar de tercio, mirar al tendido, rematar la faena, etc. Me gustaría hablar aquí otros días de algunas de esas correspondencias.
He llegado por lo visto en un momento cumbre, edad dorada: hasta los antitomasistas se rindieron el cinco de junio a José Tomás; Arrabal se viene de París para ver a Morante y levantar los brazos. El Cid. Castella, francés de Gines que me emociona incluso antes de salir al ruedo.
Quién se apunta este verano a El Puerto o a Sanlúcar para ver una corrida y todo lo demás.
Me hubiera gustado ser torero, desde el centro de la arena brindar al público, va por ustedes. Pero, ay, me falta el valor.

jueves, 5 de junio de 2008

¿Gilena, Guillena? ¿Mali, Bali?

Estaba claro que el hecho de ser un desastre algún día tenía que pasarme factura. Uno puede ir como el que no quiere la cosa por la vida hasta cierto punto. Un error en los códigos era algo que le pasaba a los demás. La asimilación fonética con Guillena-Gerena hizo que entremetiera Gilena (el pequeño gran pueblo de la provincia de Sevilla, según la página web). Adiós a mis dos años en la Sierra de Huelva. Bajarse del Mercedes.

Como si fuera Ana Obregón, ayer me fui a comprar ropa, por soltar la mala leche, dándole un codazo a la tarjeta que luego me duele a mí. Sin embargo, perdura el desasosiego. Juliette Lewis, creo que en Maridos y mujeres, le dice a su admirado profesor (Woody Allen) que le encantaba la imagen de uno de sus relatos en la que la tristeza inclinaba la cabeza del protagonista, como si llevara un sombrero gris.

Me han hablado del pueblo. De toda la información que he recogido (alguna, muy buena), infiero lo siguiente: es el lugar más aburrido del mundo. Zona cero. Mi particular Cicely. Yo, que necesito pocas cosas, me conformo con alguien con quien comer y tomar café.
Mi tía me ha dicho que a lo mejor está allí el amor de mi vida (duras palabras). Pero pensar en el destino, en el fatum (Quiquemoto dice que nada pasa por nada) es muy arriesgado: ¿no se habrá quedado este amor en Cortegana? ¿Y quién ha hablado aquí de amores? Me parece que mi soltería en mi familia, si ya no sospechosa, resulta algo ridiculilla. Estoy entre un exquisito y un pobre diablo.

De todas formas me gustaría olvidarme ahora de Gilena y poder disfrutar de estos próximos meses. Quitarme, con una reverencia, s'il vous plait, este sombrero gris. Acepto abrazos.