Cuando a veces no hablo tú me hablas.
A pesar de mi gesto, de mi compostura,
no pongas tanto empeño en explicarte:
casi nunca te oigo.
Te conozco del tiempo que no paso contigo,
por eso me despido cuando voy en tu busca.
domingo, 20 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
Si te movieras
cuando la pelvis húmeda golpea,
alcanza, hiere.
Si adelantaras, en extraño equilibrio,
la parte última de niña que te queda
que desde el pecho cae hasta el sexo absoluto.
Después de un ritmo originario,
la involuntaria ofrenda de tu risa
que me cobro y reparo con espanto y silencio,
pues no es cierto que aquí
venzamos algo,
este osario de carne, pérdida y ruinas.
Descansa en mí.
Limítame a dejarme en la derrota.
cuando la pelvis húmeda golpea,
alcanza, hiere.
Si adelantaras, en extraño equilibrio,
la parte última de niña que te queda
que desde el pecho cae hasta el sexo absoluto.
Después de un ritmo originario,
la involuntaria ofrenda de tu risa
que me cobro y reparo con espanto y silencio,
pues no es cierto que aquí
venzamos algo,
este osario de carne, pérdida y ruinas.
Descansa en mí.
Limítame a dejarme en la derrota.
viernes, 4 de julio de 2008
Leo
Me ha tendido en su patio (elpatiointerior.blogspot.com) dejando a secar mis vergüenzas. Es un hombre de la sierra arrejuntado con una isleña que habla deprisa pero le ama despacio. Su verso es español y elegante. Como a mí, le gustan Castella y el mollate. Como él dice, yo también tengo sólo buenos momentos juntos. Por poco nos echaron del Lizarrán, por borrachos (que no porque yo tirara los palillos, calumnia todavía no derribada). Entre dificultades, siempre lo he visto sonriendo. No sé cómo, pero me caló en dos tardes y me escribió este soneto que estoy a punto de colgar en el estudio. Un abrazo. Nos vemos en nada.
La chaqueta asonante de un bohemio,
el pelo recortado a lo recluso,
ojos casi entornados, en desuso,
laxo caminar, maletín de genio.
Ordenado enseñante por el gremio
rústico de las letras aún en uso,
perseguidor de bellas sin abuso,
Cyrano, rimador de amor sin premio.
Cantautor de canciones embargadas,
guitarrista entre el humo y los licores,
de coplas y letrillas flamenquero.
Diestro en el arte de las carcajadas,
zurdo de pensamientos y colores,
mairenero del alma…, mairenero.
Leopoldo F. Espínola.
La chaqueta asonante de un bohemio,
el pelo recortado a lo recluso,
ojos casi entornados, en desuso,
laxo caminar, maletín de genio.
Ordenado enseñante por el gremio
rústico de las letras aún en uso,
perseguidor de bellas sin abuso,
Cyrano, rimador de amor sin premio.
Cantautor de canciones embargadas,
guitarrista entre el humo y los licores,
de coplas y letrillas flamenquero.
Diestro en el arte de las carcajadas,
zurdo de pensamientos y colores,
mairenero del alma…, mairenero.
Leopoldo F. Espínola.
miércoles, 25 de junio de 2008
Biografía
Hoy le he dicho a una mujer que me gustaba, ya de día. Sereno, con la templanza de unas copas. Habíamos pasado la noche hablando. Ella estaba en mi cama; bueno, en la mía no, claro, en la de invitados. Estoy pensando en quitarla porque las mujeres que duermen en mi casa se acuestan ahí. Ella ha sido un encanto. Asentía con el alma lejos de este barrio. Me he echado un par de horas y me he ido a trabajar, no sé qué papeleo. Ella se quedó durmiendo y luego se ha ido. Tengo mucho sueño y el corazón como el muslo de José Tomás: cosido, dispuesto, acostumbrado. Supongo que al marcharse habrá hecho la cama. Aún no me he acercado.
viernes, 13 de junio de 2008
Va por ustedes
Valle Inclán, desde el tendido, a Juan Belmonte:
- Maestro, sólo le falta a usted morir en la plaza.
- Se hará lo que se pueda.
Caigo en que, sin querer, me ha salido una página bastante taurina, por los colores. Desde hace un año me voy aficionando a los toros, para mofa de unos y espanto de otros. O indiferencia, las más veces. Sab dice de cariño que soy un progre de estos que han salido ahora con lo del toreo. No sé. Quizá. Aunque creo que carezco de voluntad para tanta afectación. Mi creciente nihilismo, aumentado por el estío, hace que me oriente sólo por apetencias, desganas y deseos.
Quitando el paño de cocina sujeto a una vara de mi abuelo, por mi infancia, con el que daba naturales sin saberlo, y el tipo de torerillo (o tipillo de torero) que mi madre me achacaba de vez en cuando, he sido un gran antitaurino casi siempre. Crecí escuchando Rojo, de Barricada. Incluso ahora me despisto una vez el torero ha entrado a matar.
El debate sobre los toros es cansino y apenas me interesa; creo, además, que lo tienen ganado los antitaurinos de calle. El otro día hablaba un chaval en el Quintero, uno que saltó en Las Ventas para protestar. Sus argumentos eran irrefutables: el arte es relativo; la tortura es un absoluto, unívoca e inequívoca. Esto trata de poder (mientras quieran las leyes) o no poder. Mientras se pueda, seguiré con los toros, pues he antepuesto el arte (a mí me picó) a la moral, la barbarie a la civilización.
El toreo es sobre todo una metáfora. A cada lance, a cada palabra de su inagotable vocabulario le encuentro y le busco alguna correspondencia. Muchas están en el lenguaje diario: entrar al trapo, ver los toros desde la barrera, estar al quite, cambiar de tercio, mirar al tendido, rematar la faena, etc. Me gustaría hablar aquí otros días de algunas de esas correspondencias.
He llegado por lo visto en un momento cumbre, edad dorada: hasta los antitomasistas se rindieron el cinco de junio a José Tomás; Arrabal se viene de París para ver a Morante y levantar los brazos. El Cid. Castella, francés de Gines que me emociona incluso antes de salir al ruedo.
Quién se apunta este verano a El Puerto o a Sanlúcar para ver una corrida y todo lo demás.
Me hubiera gustado ser torero, desde el centro de la arena brindar al público, va por ustedes. Pero, ay, me falta el valor.
- Maestro, sólo le falta a usted morir en la plaza.
- Se hará lo que se pueda.
Caigo en que, sin querer, me ha salido una página bastante taurina, por los colores. Desde hace un año me voy aficionando a los toros, para mofa de unos y espanto de otros. O indiferencia, las más veces. Sab dice de cariño que soy un progre de estos que han salido ahora con lo del toreo. No sé. Quizá. Aunque creo que carezco de voluntad para tanta afectación. Mi creciente nihilismo, aumentado por el estío, hace que me oriente sólo por apetencias, desganas y deseos.
Quitando el paño de cocina sujeto a una vara de mi abuelo, por mi infancia, con el que daba naturales sin saberlo, y el tipo de torerillo (o tipillo de torero) que mi madre me achacaba de vez en cuando, he sido un gran antitaurino casi siempre. Crecí escuchando Rojo, de Barricada. Incluso ahora me despisto una vez el torero ha entrado a matar.
El debate sobre los toros es cansino y apenas me interesa; creo, además, que lo tienen ganado los antitaurinos de calle. El otro día hablaba un chaval en el Quintero, uno que saltó en Las Ventas para protestar. Sus argumentos eran irrefutables: el arte es relativo; la tortura es un absoluto, unívoca e inequívoca. Esto trata de poder (mientras quieran las leyes) o no poder. Mientras se pueda, seguiré con los toros, pues he antepuesto el arte (a mí me picó) a la moral, la barbarie a la civilización.
El toreo es sobre todo una metáfora. A cada lance, a cada palabra de su inagotable vocabulario le encuentro y le busco alguna correspondencia. Muchas están en el lenguaje diario: entrar al trapo, ver los toros desde la barrera, estar al quite, cambiar de tercio, mirar al tendido, rematar la faena, etc. Me gustaría hablar aquí otros días de algunas de esas correspondencias.
He llegado por lo visto en un momento cumbre, edad dorada: hasta los antitomasistas se rindieron el cinco de junio a José Tomás; Arrabal se viene de París para ver a Morante y levantar los brazos. El Cid. Castella, francés de Gines que me emociona incluso antes de salir al ruedo.
Quién se apunta este verano a El Puerto o a Sanlúcar para ver una corrida y todo lo demás.
Me hubiera gustado ser torero, desde el centro de la arena brindar al público, va por ustedes. Pero, ay, me falta el valor.
jueves, 5 de junio de 2008
¿Gilena, Guillena? ¿Mali, Bali?
Estaba claro que el hecho de ser un desastre algún día tenía que pasarme factura. Uno puede ir como el que no quiere la cosa por la vida hasta cierto punto. Un error en los códigos era algo que le pasaba a los demás. La asimilación fonética con Guillena-Gerena hizo que entremetiera Gilena (el pequeño gran pueblo de la provincia de Sevilla, según la página web). Adiós a mis dos años en la Sierra de Huelva. Bajarse del Mercedes.
Como si fuera Ana Obregón, ayer me fui a comprar ropa, por soltar la mala leche, dándole un codazo a la tarjeta que luego me duele a mí. Sin embargo, perdura el desasosiego. Juliette Lewis, creo que en Maridos y mujeres, le dice a su admirado profesor (Woody Allen) que le encantaba la imagen de uno de sus relatos en la que la tristeza inclinaba la cabeza del protagonista, como si llevara un sombrero gris.
Me han hablado del pueblo. De toda la información que he recogido (alguna, muy buena), infiero lo siguiente: es el lugar más aburrido del mundo. Zona cero. Mi particular Cicely. Yo, que necesito pocas cosas, me conformo con alguien con quien comer y tomar café.
Mi tía me ha dicho que a lo mejor está allí el amor de mi vida (duras palabras). Pero pensar en el destino, en el fatum (Quiquemoto dice que nada pasa por nada) es muy arriesgado: ¿no se habrá quedado este amor en Cortegana? ¿Y quién ha hablado aquí de amores? Me parece que mi soltería en mi familia, si ya no sospechosa, resulta algo ridiculilla. Estoy entre un exquisito y un pobre diablo.
De todas formas me gustaría olvidarme ahora de Gilena y poder disfrutar de estos próximos meses. Quitarme, con una reverencia, s'il vous plait, este sombrero gris. Acepto abrazos.
Como si fuera Ana Obregón, ayer me fui a comprar ropa, por soltar la mala leche, dándole un codazo a la tarjeta que luego me duele a mí. Sin embargo, perdura el desasosiego. Juliette Lewis, creo que en Maridos y mujeres, le dice a su admirado profesor (Woody Allen) que le encantaba la imagen de uno de sus relatos en la que la tristeza inclinaba la cabeza del protagonista, como si llevara un sombrero gris.
Me han hablado del pueblo. De toda la información que he recogido (alguna, muy buena), infiero lo siguiente: es el lugar más aburrido del mundo. Zona cero. Mi particular Cicely. Yo, que necesito pocas cosas, me conformo con alguien con quien comer y tomar café.
Mi tía me ha dicho que a lo mejor está allí el amor de mi vida (duras palabras). Pero pensar en el destino, en el fatum (Quiquemoto dice que nada pasa por nada) es muy arriesgado: ¿no se habrá quedado este amor en Cortegana? ¿Y quién ha hablado aquí de amores? Me parece que mi soltería en mi familia, si ya no sospechosa, resulta algo ridiculilla. Estoy entre un exquisito y un pobre diablo.
De todas formas me gustaría olvidarme ahora de Gilena y poder disfrutar de estos próximos meses. Quitarme, con una reverencia, s'il vous plait, este sombrero gris. Acepto abrazos.
jueves, 29 de mayo de 2008
La enfermedad
Este viernes tómese un vino o lo que le apetezca sin remilgos, pida jamón del bueno aunque lo fíe, haga el amor, o inténtelo al menos, llame a su madre y dígale que la quiere, si la quiere. Porque este carpe diem cansino y poco llevadero resulta que es verdad.
Cada día, con todas sus costumbres, es tan fácil caer en el abismo. Ignorarlo es lo único que nos salva. Olvidarlo acaso nos haga perder la perspectiva, mirar desde arriba, calibrar nuestro paso. Cada día, con todas sus costumbres, puede convertirse en uno de esos días “rojos” que tenía Audrey en Desayuno con diamantes. Gregory House dice que vamos siempre en un avión. De ahí esa tranquilidad mentirosa del que va a pie, aquella comodidad del desaliento y la melancolía.
El enfermo, como el enamorado, no viene con nosotros, se va por una acera diferente. La enfermedad nos propone otro sistema. Cuando salí a la calle después de mi última amigdalitis (valiente mariconada) me costaba andar por la calle. Los románticos preferían la tuberculosis a un lunes por la mañana.
Pero hay abismos que no se solucionan con una visita a Tiffanys, augmentine, prozac o ni siquiera el tiempo. Se va a morir un hombre en casi nada. Lo he visto una vez y me pasaba platos de hortiguillas y manzanilla. Tiene ese tabú llamado cáncer. Era, según me han dicho, un hombre bueno.
Háganme caso, tomen algo mañana.
Cada día, con todas sus costumbres, es tan fácil caer en el abismo. Ignorarlo es lo único que nos salva. Olvidarlo acaso nos haga perder la perspectiva, mirar desde arriba, calibrar nuestro paso. Cada día, con todas sus costumbres, puede convertirse en uno de esos días “rojos” que tenía Audrey en Desayuno con diamantes. Gregory House dice que vamos siempre en un avión. De ahí esa tranquilidad mentirosa del que va a pie, aquella comodidad del desaliento y la melancolía.
El enfermo, como el enamorado, no viene con nosotros, se va por una acera diferente. La enfermedad nos propone otro sistema. Cuando salí a la calle después de mi última amigdalitis (valiente mariconada) me costaba andar por la calle. Los románticos preferían la tuberculosis a un lunes por la mañana.
Pero hay abismos que no se solucionan con una visita a Tiffanys, augmentine, prozac o ni siquiera el tiempo. Se va a morir un hombre en casi nada. Lo he visto una vez y me pasaba platos de hortiguillas y manzanilla. Tiene ese tabú llamado cáncer. Era, según me han dicho, un hombre bueno.
Háganme caso, tomen algo mañana.
martes, 20 de mayo de 2008
La certeza
Qué fría es la cera de un beso de nadie. Aute.
Este árbitro ha venido aquí y le ha dicho a mis jugadores: "bajarse del Mercedes". Manuel Ruiz de Lopera.
La certeza es absurda, tonta , triste. ¿Quién la necesita o ha necesitado? ¿Quién, ni siquiera, la llamó, o preguntó por ella? Como una señora incómoda se te presenta en casa y pide además que le pongamos café. Aun en la felicidad -como queráis llamarlo, ese estado propicio a la alegría-, ¿no es ésta patrimonio del esquivo, del que a menudo -porque puede- olvida?
El que llega a la certeza ha terminado el camino, y el menos aventurero de nosotros bosteza fácilmente, pues ya hemos dicho aquí la imposibilidad de contemplar el presente, el hic et nunc. La certeza rebosa de realidad, va mal vestida e hiere con decepción lo imaginado, aquello que esperábamos encontrar ¿Hay algo más propio del hombre que la búsqueda?
Pero la certeza es también vacía y violenta. Lejos de abandonar, cuántas veces insisto en el deseo, que limpia de rutina los domingos y hace más dulce llegar hasta los jueves. Ella tiene un corte en uno de los labios, como un mordisco de hambre que ya no daré nunca. Y entonces se presenta, la certeza, con los zapatos quitados, señora de marrón, como un insulto de un desconocido, como un mal empujón inesperado, dejando una aspereza de tierra en la garganta.
Y la mañana de niños tiene menos sentido, y los martes, qué largos, y los miércoles, los jueves, los domingos...
Este árbitro ha venido aquí y le ha dicho a mis jugadores: "bajarse del Mercedes". Manuel Ruiz de Lopera.
La certeza es absurda, tonta , triste. ¿Quién la necesita o ha necesitado? ¿Quién, ni siquiera, la llamó, o preguntó por ella? Como una señora incómoda se te presenta en casa y pide además que le pongamos café. Aun en la felicidad -como queráis llamarlo, ese estado propicio a la alegría-, ¿no es ésta patrimonio del esquivo, del que a menudo -porque puede- olvida?
El que llega a la certeza ha terminado el camino, y el menos aventurero de nosotros bosteza fácilmente, pues ya hemos dicho aquí la imposibilidad de contemplar el presente, el hic et nunc. La certeza rebosa de realidad, va mal vestida e hiere con decepción lo imaginado, aquello que esperábamos encontrar ¿Hay algo más propio del hombre que la búsqueda?
Pero la certeza es también vacía y violenta. Lejos de abandonar, cuántas veces insisto en el deseo, que limpia de rutina los domingos y hace más dulce llegar hasta los jueves. Ella tiene un corte en uno de los labios, como un mordisco de hambre que ya no daré nunca. Y entonces se presenta, la certeza, con los zapatos quitados, señora de marrón, como un insulto de un desconocido, como un mal empujón inesperado, dejando una aspereza de tierra en la garganta.
Y la mañana de niños tiene menos sentido, y los martes, qué largos, y los miércoles, los jueves, los domingos...
martes, 13 de mayo de 2008
Leña marismeña
Los últimos años ha dado la casualidad (los dos últimos: los anteriores no trabajaba) de que los lunes no tenía que levantarme temprano. Y un año más, en el silencio del salón y la madrugada, he podido contemplar el espectáculo: el salto de la reja.
Canal Sur, 2.25 de la mañana. Los comentaristas, en un volumen bajo, no sé si por la devoción o la embriaguez -elementos que, si juntos, pueden resultar explosivos- van narrando los paños viejos y la alcurnia de los simpecados, el color de las bengalas o la noche marismeña.
Apostados contra la reja, en la ermita, axila con axila, una camisería vigila impaciente la cabeza de al lado; una patillería aguarda recelosa la llegada del último simpecado, el de la hermandad matriz, que arriba entre palmas y como levitando, pues quien lo lleva está ya anegado entre el ímpetu y la esperanza de sus hermanos almonteños. Comienzan las hostilidades. Futuros cardenales (sin ser del clero) se aprietan contra la reja. Algunos cuerpos saltan. Otros resisten entre corrientes humanas como en un concierto de Reincidentes. Y aquí está lo curioso, lo que me hace reír: los comentaristas ni se inmutan. Siguen con su glosa del oro y de fechas, con voz queda, y, mientras, veo (ven todos los espectadores) cómo un hermano, que debe ser importante, se alza sobre sí mismo para agarrar a otro por los pelos y tirarlo hacia atrás, no vaya a ser que infrinja no sé qué reglas de la salida de la Virgen (¿vendrá de ahí lo de leña marismeña?).
Y claro, es que hay que tener arrestos para comentar esto, así, en directo, sin decir que es una barbaridad. La mujer dice, valiente: bueno, la gente piensa que se están peleando, pero ellos saben muy bien, no crean, todo el proceso, es el fervor y...El otro comentarista lo arregla: es que en realidad no sé qué hacen ahí los que no son almonteños, deberían dejar a los hermanos de Almonte dirigir la salida, que ellos son los que saben y tienen experiencia. Toma ya.
Exceptuando los problemas de tráfico que ocasionan, con los que no transijo, soy bastante respetuoso con este fenómeno. Tengo amigos rocieros. Una noche asistí a una charla entre dos rocieros muy veteranos como a una epopeya de Homero. He visto también algunas consecuencias y estragos: vasos de cristal volando de patio a patio como venganza de enormes cuernos del río Quema. Pero esa imagen del salto la echamos a pelear con las de La Meca, y sin complejos. Y eso no hay comentarista televisivo, aunque sea de La Nuestra, que lo maquille.
Canal Sur, 2.25 de la mañana. Los comentaristas, en un volumen bajo, no sé si por la devoción o la embriaguez -elementos que, si juntos, pueden resultar explosivos- van narrando los paños viejos y la alcurnia de los simpecados, el color de las bengalas o la noche marismeña.
Apostados contra la reja, en la ermita, axila con axila, una camisería vigila impaciente la cabeza de al lado; una patillería aguarda recelosa la llegada del último simpecado, el de la hermandad matriz, que arriba entre palmas y como levitando, pues quien lo lleva está ya anegado entre el ímpetu y la esperanza de sus hermanos almonteños. Comienzan las hostilidades. Futuros cardenales (sin ser del clero) se aprietan contra la reja. Algunos cuerpos saltan. Otros resisten entre corrientes humanas como en un concierto de Reincidentes. Y aquí está lo curioso, lo que me hace reír: los comentaristas ni se inmutan. Siguen con su glosa del oro y de fechas, con voz queda, y, mientras, veo (ven todos los espectadores) cómo un hermano, que debe ser importante, se alza sobre sí mismo para agarrar a otro por los pelos y tirarlo hacia atrás, no vaya a ser que infrinja no sé qué reglas de la salida de la Virgen (¿vendrá de ahí lo de leña marismeña?).
Y claro, es que hay que tener arrestos para comentar esto, así, en directo, sin decir que es una barbaridad. La mujer dice, valiente: bueno, la gente piensa que se están peleando, pero ellos saben muy bien, no crean, todo el proceso, es el fervor y...El otro comentarista lo arregla: es que en realidad no sé qué hacen ahí los que no son almonteños, deberían dejar a los hermanos de Almonte dirigir la salida, que ellos son los que saben y tienen experiencia. Toma ya.
Exceptuando los problemas de tráfico que ocasionan, con los que no transijo, soy bastante respetuoso con este fenómeno. Tengo amigos rocieros. Una noche asistí a una charla entre dos rocieros muy veteranos como a una epopeya de Homero. He visto también algunas consecuencias y estragos: vasos de cristal volando de patio a patio como venganza de enormes cuernos del río Quema. Pero esa imagen del salto la echamos a pelear con las de La Meca, y sin complejos. Y eso no hay comentarista televisivo, aunque sea de La Nuestra, que lo maquille.
martes, 6 de mayo de 2008
La mujer, el verano.
La calor. Me parece que escribí una entrada el año pasado con este título. Viene el calor de agosto adelantado, un calor cíclico para algunos votantes e impensable para otros, y el sol es otra víctima más del bipartidismo.
El calor embrutece, nos da ese lado montaraz del que hablábamos, nos asilvestra, el personal deseando abandonar el mes frío, el circunspecto invierno por el edénico tiempo del calor y del agua, cambiar la lana por el vello, el botón por la piel y el cuero en tiras. Hay tímidos en enero que luego resultan leones marinos.
El cuerpo saluda en general el verano. Los pies se desperezan y robustecen (las uñas de los dedos de tus pies son cristal del verano -Octavio Paz), la piel morena es dura y saludable, la melena olvida su burguesía y nos recuerda a algo en deuda con el sexo.
Principales protagonistas de este decorado son las mujeres. La astenia primaveral, el insomnio, la alergia incluso, ¿no estarán relacionados con ellas, en un olvido poético de los científicos? Ah. Pero como en todo escenario o decorado, hay una preparación detrás de los telones, hay un vestuario y un papel antes de la natural escena. Las mujeres llegan al verano como a las oposiciones. Si es usted mujer o tiene amigas/novia, su conversación estos días se llenará de cremas depilatorias, láser, footing/aeróbic/andar, té verde, bikinis y ensaladas. Nada hay de espontáneo entonces en esas piernas que pasan o en ese sujetador olvidado. Mas poco importa: el arte es artificio, la belleza es tantas veces una máscara.
Este verano, como el pasado, me conformo con que no me pregunten en Septiembre que si he estado en una cueva.
Mayo, la calor. Espero que ella no siga quitándose más ropa, porque voy poco a poco sintiéndome desnudo.
miércoles, 30 de abril de 2008
Mayea
Mayo. Sujeto a mí por nacimiento. Del mismo modo que uno se relaciona con el horóscopo o con algún lugar en el que estuvo una vez. Los de ciudad, o los de pueblo pero de ciudad, no reparamos en los meses sino por los días festivos, el seguro del coche o el alquiler de smoking. Las estaciones son el papel cuadriculado del almanaque. Creo que en todos nosotros hay un hortelano despistado. Las alergias llegan como un bofetón pedagógico de la naturaleza. Alguna vez nos pasará factura.
El 24 cumplo 29. Felipe Benítez Reyes abría un libro así: "De todo comienza a hacer bastante tiempo". No me siento mayor. Como joven poeta, recuerdo que añoraba tener pasado, cicatrices, algún pitón marcado por la ingle. Fue cuestión de esperar. Ya lo tenemos. El pasado ha de ser trágico, de tal modo que en el mejor de los casos el tiempo lo atempere y lo disfrace de melancolía. En otros casos sólo se me ocurre el whisky. Y no es que yo...Juan Luis Galiardo le contaba a Azcona los malos momentos por los que estaba pasando. Se le habían muerto la madre y una hija o viceversa. Azcona le dijo: Juan Luis, con lo tuyo, Dostoievski no tendría ni para dos páginas. Quiero decir que mi biografía puede escribirse en una servilleta de papel. Pues así y todo. Azorín decía en La Voluntad que la vida de una monja de clausura puede ser tan intensa como la de un explorador. Menos mal que no me abandona una sensación de comenzarlo todo.
Luis García Montero hablaba antesdeayer (antié): "Nuestro yo es siempre alegórico; con nosotros está el pasado y la expectativa del futuro, estamos hechos de tiempo". Y cómo lidiar eso. Cómo podemos conciliar el tiempo con nosotros. Alguna vez hemos hablado de cuánto afecta esto en nuestra pretendida felicidad. Espero que haya algo aparte del amor. Un beso a todos.
El 24 cumplo 29. Felipe Benítez Reyes abría un libro así: "De todo comienza a hacer bastante tiempo". No me siento mayor. Como joven poeta, recuerdo que añoraba tener pasado, cicatrices, algún pitón marcado por la ingle. Fue cuestión de esperar. Ya lo tenemos. El pasado ha de ser trágico, de tal modo que en el mejor de los casos el tiempo lo atempere y lo disfrace de melancolía. En otros casos sólo se me ocurre el whisky. Y no es que yo...Juan Luis Galiardo le contaba a Azcona los malos momentos por los que estaba pasando. Se le habían muerto la madre y una hija o viceversa. Azcona le dijo: Juan Luis, con lo tuyo, Dostoievski no tendría ni para dos páginas. Quiero decir que mi biografía puede escribirse en una servilleta de papel. Pues así y todo. Azorín decía en La Voluntad que la vida de una monja de clausura puede ser tan intensa como la de un explorador. Menos mal que no me abandona una sensación de comenzarlo todo.
Luis García Montero hablaba antesdeayer (antié): "Nuestro yo es siempre alegórico; con nosotros está el pasado y la expectativa del futuro, estamos hechos de tiempo". Y cómo lidiar eso. Cómo podemos conciliar el tiempo con nosotros. Alguna vez hemos hablado de cuánto afecta esto en nuestra pretendida felicidad. Espero que haya algo aparte del amor. Un beso a todos.
viernes, 25 de abril de 2008
Viajes y cabañas

Hay dos momentos en el cine, o dos sucesos, o dos cosas, no sé cómo llamarlo, que me apasionan, que de entrada son un acicate para que me guste una película; a saber: las cabañas y los viajes, o más concretamente, la antesala de los viajes.
Me explico. Con "las cabañas" me refiero a cualquier habitación, recinto cerrado, habitáculo o cualquier sitio muy concreto donde se desarrolle gran parte de la peli. Los protagonistas tienen que encontrarse en este sitio protegidos, es su cueva desde donde observar, amar o planear un asesinato. Es la misma sensación que me producían aquellas cabañas donde nos metíamos de pequeños (de shico). Un cuartel general, un mundo propio. Lo de fuera es lo extraño. Algo de lo que huir o a lo que conquistar. Si recoges los pies en el sofá uno se siente partícipe. Creo que La ventana indiscreta es de mis favoritas por esto. Por supuesto, La Reina de África (otro día hablaremos) o Cómo robar un millón, de Audrey. Quizá podamos meter aquí las road movies, pero no todas (Dos en la carretera, por ejemplo). No me olvido de El Halcón Milenario.
La antesala de los viajes, el hecho de que los protagonistas hablen de que tienen que ir aquí o allá, o mejor aún, cuando sabes de antemano, porque ya la has visto, que quedan dos o tres viajes (de casa, de ciudad, país o planeta) es igualmente una alegría. Y más si estos traslados se materializan gráficamente con el avioncito volando por el mapa, con los puntos rojos de continente a continente (ver Spielberg). Un ejemplo que aúna estos dos momentos es la mencionada La Reina de África, pero ya he dicho que hablaremos otro día. Así que ahora me quedo con La bruja novata (por aquí, por allí, en animalito te convertí), película inmortal de mi infancia junto a Mi amigo el fantasma. En La bruja novata, la bruja y los niños se montaban en la cama, daban unos toquecitos en el bolón de los pies de la cama, de hierro, luego media vuelta, unas palabras mágicas y allá que se iban no ya a cualquier lugar, sino a otros mundos (el de dibujos animados, donde juegan el partido de fútbol). La cabaña y el viaje, en fin. Por cierto, que mi cama, que es de Ikea, también tiene chirimbolo de esos en los pies y en el cabecero. Al montarla, comprobé con una sonrisa de satisfacción que también se giran. Quién sabe adónde acabo cualquier día. De todos modos, estáis todas invitadas a intentarlo, conmigo, en un viaje nocturno y fabuloso. Un beso a todos.
martes, 22 de abril de 2008
Hola de nuevo
Bueno, pues se acabaron los cambios. Lavado de gato, vamos. La especialidad de la casa. Ya que Alberto me dejó la cama en el cuarto y el blog solo, intentaré que éste, al menos, malviva. No sé de qué voy a escribir. No tengo el temor de que se parezca (entre otras muchas cosas, ninguna buena para mí, por lo vago) al gran y ya familiar Estatuas verdes. Pero, como dijo el Señor Lobo, no empecemos a chuparnos las pollas. Pues eso, a ver qué sale. Un beso a todos.
viernes, 4 de abril de 2008
CERRADO POR OBRAS
Después de 90 entradas, este blog se cierra por obras. El autor (ya no autores) se va a replantear el tema. Espero vernos pronto.
miércoles, 26 de marzo de 2008
28 de marzo
lunes, 24 de marzo de 2008
Voltaire y yo
Me ha pasado una cosa (desde que no vivo con mi madre, me pasan cosas). Esta mañana. Me estoy tomando unos cereales tristes, y cuando enciendo el cigarro, se me escapa el mechero, se me traspapela. Y no lo veo. No ha caído al suelo (no se ha escuchado nada), pero aun así miro. No está en las mangas, ni en los bolsillos de la bata, ni en los bolsillos del pijama. Me da vergúenza recordar cómo me toqué la cabeza para ver si estaba allí. El despiste se vuelve desconcierto, y confieso lo terrible: durante unos segundos, mando la razón al carajo y creo que el mechero ha desaparecido. Increíble.
sábado, 15 de marzo de 2008
Esto no es Perú
lunes, 10 de marzo de 2008
Nos hemos ido
De casa. "Que se apague el sol que nos alumbra si no es verdad lo que digo. Todas las noches le pido a todos los santos para que encuentres a una buena mujer". Esto me lo dijo mi abuela el otro día, al salir. En Dios no sé; pero en mi abuela sí que creo.
Intentaré ir contando algunas cosas de nuestras andanzas en el piso. Kela está guardando la ropa, a ver si cenamos. Un beso a todos.
Intentaré ir contando algunas cosas de nuestras andanzas en el piso. Kela está guardando la ropa, a ver si cenamos. Un beso a todos.
jueves, 14 de febrero de 2008
Sin tetas no hay paraíso
Le han puesto este lema de mi vida a alguna serie. Y eso, las tetas -Marbelys aparte- han llegado a Fama. Se llama Natalia. No es nada del otro mundo pero las tiene bien puestas. La he visto poco y no la tengo calada. Ya veremos. "Parece que me estás tocando el alma", escribió Gómez de la Serna.
San Valentín en el Instituto. Piruletas y claveles. Los feos siempre estábamos algo asustados este día, por las posibles bromas. Me doy cuenta, porque me lo dice una alumna, de que llevo los cordones rojos. Y es ahí donde llevo el amor, en los zapatos. El amor es para los jóvenes y los rezagados. A ver si por lo menos follamos algo.
El gran Rafa Méndez -sube la apuesta para el que me diga de dónde es- dice: "esto es una cagadita de paloma fría", y me acuerdo otra vez de Gómez de la Serna.
El sevillismo es una exageración, una hipérbole, un quieroynopuedo. Una caricatura de sí mismo. Es como un disco de grandes éxitos de Maná. Vamos mi Sevilla, bla, bla, bla...
San Valentín en el Instituto. Piruletas y claveles. Los feos siempre estábamos algo asustados este día, por las posibles bromas. Me doy cuenta, porque me lo dice una alumna, de que llevo los cordones rojos. Y es ahí donde llevo el amor, en los zapatos. El amor es para los jóvenes y los rezagados. A ver si por lo menos follamos algo.
El gran Rafa Méndez -sube la apuesta para el que me diga de dónde es- dice: "esto es una cagadita de paloma fría", y me acuerdo otra vez de Gómez de la Serna.
El sevillismo es una exageración, una hipérbole, un quieroynopuedo. Una caricatura de sí mismo. Es como un disco de grandes éxitos de Maná. Vamos mi Sevilla, bla, bla, bla...
lunes, 4 de febrero de 2008
Literaturas
Un cuento de Benedetti, que anda malito.
Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Dicen que, detenido Valle Inclán por escándalo público, es llevado a comisaría. El comisario, ante la máquina de escribir, le pregunta: ¿profesión? Escritor, responde. ¿Sabe usted leer y escribir? No, contesta Valle. Me extraña su respuesta. Pues más me extraña a mí su pregunta. Así que déjese de tonterías y llame a los guardias y que comiencen a darme tormento.
En otra, un juez le preguntó también a Valle: ¿cómo se llama?, y éste contestó: ¿que cómo me llamo yo? El que no sabe cómo se llama usted soy yo.
Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Dicen que, detenido Valle Inclán por escándalo público, es llevado a comisaría. El comisario, ante la máquina de escribir, le pregunta: ¿profesión? Escritor, responde. ¿Sabe usted leer y escribir? No, contesta Valle. Me extraña su respuesta. Pues más me extraña a mí su pregunta. Así que déjese de tonterías y llame a los guardias y que comiencen a darme tormento.
En otra, un juez le preguntó también a Valle: ¿cómo se llama?, y éste contestó: ¿que cómo me llamo yo? El que no sabe cómo se llama usted soy yo.
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