sábado, 31 de octubre de 2009

Egoísmo, metáfora y ella


"El olor y el sabor, tan unidos, son las claves más íntimas de la vida. Hay que gustar todo con los ojos cerrados. Mirar una cosa es exteriorizarla, pienso ahora. Hay que ver sin mirar. Hay que oler. El olfato, quizás, es la mirada del alma" Francisco Umbral.
Lo que yo quise, como y cuanto amé, es lo que queda. Nada más que de mí, no hay otros nombres. Miguel Ángel astenia quincenal, miguelángel muriéndose de frío de la felicidad tan cerca, ese viento que traía la muerte, como en la canción del otro Silvio, y las copas postrándose, a fin de existir. Lo que el amor hacía de mí, yo era.



Me cuenta mi prima que tenía un compañero que, cuando la recogía para ir al trabajo por las mañanas, le calaba si había habido sexo matutino: "a ti te han soltado los perros esta mañana". Yo le he dicho que eso es por el olor. Hay gente que huele. Hay gente finísima que lo huele todo, y sea porque es un sentido casi inexistente en mí, me parece que el olfato es una aristocracia de los sentidos, muy lejos del animal que llevamos dentro. El olor me parece la forma más pulcra y educada de la comunicación, exento de la ambigüedad de la palabra infame, de la terquedad de nuestras manos sucias. Cambiaría mi carrera por distinguir un olor. Mi amiga Gracia sabe si la comida está sosa o en su punto por el olor, y me parece entre mentira (si ella mintiera) y maravilloso. Yo vivo entre semana en Las Erillas Blancas, Estepe. Junto a mi casa hay una fábrica de mantecados, así que huelo a azúcar y almendras cada día, sólo tengo que abrir un poco la ventana. A una persona con olfato le parecería excesivo, pero a mí me encanta, me acerca a casa el olor a dulce y pan. Pero ya está, no comprendo la magdalena de Proust, soy yo el olor que me interesa (otra vez yo): al parecer, yo huelo; huelo bien, eróticamente incluso. Una mujer me ha detectado tres olores diferentes que ya conoce. A otra le encanta uno de esos tres. Otra me pregunta que qué perfume uso, cuando no uso ninguno. Mi prima me dijo el otro día lo bien que olía, que qué me había echado. Pues nada. Las mujeres están locas, ya se sabe, y en su infinita y oscura sensibilidad contemplan más un olor que una mentira. Nosotros nunca comprenderemos eso.



Me cuesta hacer algo si no es a conveniencia. Mi supuesta bondad procura tener siempre cubiertas las espaldas. Procuro ser yo mismo, reservándome el derecho de dormir en casa, eso no vale. Las esquinas se doblan conmigo, dice Junior. Pretendo que mi mundo sea como yo.


Tenía pensado escribir algo como esto: "El verano remoto que no quiere irse. Nos alarga la mano hasta el pescuezo. Qué calor. Y sin embargo, no sé cómo, intuía el frío, no ya el otoño endeble. El caballo barruntando de espaldas. El triste invierno, inevitable, porque el veranillo que tiene mi nombre había de acabarse, no se podía quedar, así, sin más, más tiempo. Tener frío es estar solo." Pero me acaba de llamar, y esta metáfora del tiempo es sólo eso, pamplina, literatura falsa. Me ha sacado una risa, y sigo estando cómodo y no sé qué con ella. Un beso, guapa.


jueves, 27 de agosto de 2009


Si yo me viera, si yo me duplicara, como Locke, y me viera a mí mismo, qué decepción, qué mala versión de mí mismo, soy. Qué es lo que pretendo en ese perfil de número uno, la nariz de judío, la lengua de lagarto, los ojos de lagarto, el largo cuello. Y la voz. Esa voz de diecisiete años, convencida de nada. Yo no me aguantaría, siempre con lo mismo, cada vez más raro. Por eso no me gustaba ver fotos, ni Gracia hace milagros, y ahora me he visto al menos treinta veces.


Me tumbo sobre la colchoneta con la idea de no pensar en nada, de olvidarme de todo, y lo consigo fácilmente, pues caigo en que habitualmente no pienso en casi nada. Me enfrasco, paradójico, en pensar en algo, y ufanarme de haberlo esquivado, pero nada. El agua está algo fría. Estoy algo moreno ¿Y mi vida? ¿Y mi profunda vida? A ver si estos cabrones no me echan agua fría de la ducha. Mira el Felipe.


A arreones vivo, por eso no me canso del verano. Tengo la habilidad perfecta de aburrirme con un placer inmenso, sin agobios. No tengo voluntad. Mi madre dice que para eso me ha criado en la ley del mínimo esfuerzo. Pienso, sin embargo, en la falta de interés, en una rara paz conmigo mismo. Llevadme de la mano, como a un niño, que planto el culo enfrente del columpio.


No voy a hablar de Conil, ¡todavía queda verano! Un beso a todos.


lunes, 29 de junio de 2009

Casi verano

-Se acabó. María Jiménez

-¡...si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años! Jaime Gil de Biedma




La noche negra del verano ha de esperar aún porque he de hacer unos números en la campiña puta, ya me he puesto el colgante y las sandalias pero no paro de llevar y traer cosas, todo el día con la ropa a cuestas. Cuando salgo de Mairena me dice Alberto que parezco un militar. Me hace falta ya la noche negra. Paciencia.

Ella tiene un cuerpo perfecto que no abruma, hermoso sin embargo, lejos de la aséptica estupidez de una estructura sin reproches. Yo me he pasado el tiempo averiguando cualquier línea que se formara nueva, cualquier detalle en la fotografía, contemplando, en fin, tan cerca -ella me ha dejado-, los escenarios tibios de su carne.

Alguien ha pegado un zapatazo en la tarima, arde el parqué sentimental alrededor de mí. Los hombres huyen y las mujeres lloran, y viceversa, y yo no sé por qué, ni sé saberlo, ni tengo teoría ni ganancia, es como tarde y sólo quiero ya la sombra del verano y vuestra compañía.

Dos parejas de amigos se me casan.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Gitanillas


Hasta las flores, niña,

se echan piropos,

a un clavel una rosa

lo ha vuelto loco. Alegrías populares




Alegrías salineras de La Niña de los Peines que sin saber le canto a mi sobrina, y parece, sólo lo parece que se calma ¿Me saldrá gitanilla, tan blanquita?


En Tenerife no hay gitanillas. Hay no sé qué. Miamor, miniño, mijo, en el mejor de los casos. Otras veces, más mala leche que un cable caío. Allí no cantan al compás (tampoco vi que isas) y eso se nota. Como dijo una guía, la economía isleña se sustenta desde el siglo XXI en el cultivo del turista, así que el nacionalismo se insufla en pequeñas pero consistentes dosis. Yo no quería irme de allí.


La Feria, ay, luego decís que no... La Feria es el carnaval de los sevillanos, donde queman la garganta y los muslos, sólo que aquí la hacemos después de Semana Santa, así el sabor de los pecados cometidos tienen el año largo para el recuerdo. El jueves me robaron el móvil. El sábado perdí el DNI, mi cara andará por el albero de Alcalá, metáfora de una noche desmedida.

Juan Carlos Marset le decía a Germán que al sevillano le gusta observar y ser observado, exhibirse, de ahí acudir a los toros, el paseo a caballo, la puerta de la caseta. Había una gitanilla que venía a verme, pero nosotros no queríamos que nos vieran.


Aún no me han plantado las gitanillas en la terraza, y ya tardo, que me han dicho que son duras, resistentes, orgullosas.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Amorosa anticipación

Se inclina el sol súbitamente, se aúpa de repente como un muchacho de lo hondo al borde de la piscina en una anticipación amorosa de la primavera, con la que estaba cayendo, que ya nos hacía falta. Incluso retorna suave Estatuas Verdes esperando una risa, que Porerror nos tiende poético y sutil por boca del Topuno, un abrazo, amigo.
Las habas de Gullate me dice Manuel el conserje que han estirado a unos 70 centímetros, a ver si no se las desfloran los gañanes ante la negativa invernal de las muchachas a deshojarse ellas. Porque la primavera es un impulso, nunca espera a finales de marzo y ojalá quede algo cuando yo vuelva a caminar. Las niñas de Fama siguen igual de zorras y de hermosas y no comprendo sus rodillas tan fuertes. Ahora miro también a los hombres solamente a sus piernas, cómo no les molestan los tendones al andar. Paciencia, no puede haber otro paso atrás. Pero el protector de estómago no puede con el antiinflamatorio y el Ribera todo junto y es posible que mi paseo etílico, el más estético de mis movimientos, se me impida también por prescripción médica.
Tengo que no pensar en lo que me estoy perdiendo. Decía Porerror, y quiero que me explique, que como el tiempo es inexorable juega siempre a nuestro favor. Pero me pregunto que quién nos devuelve lo que no bailamos, ahora que hay ganas de echar un dancing.

Por lo menos dijo el otro día Rosa Mª Sardá en La niña de tus ojos que los cojos tienen fama de grandes copuladores, ahí están Lord Bayron, Goebbels y no sé quién más.

miércoles, 28 de enero de 2009

Explico algunas cosas

Invitadme a las islas, cualesquiera que sean, a las montañas negras de mi país. Guiadme por las calles, como si disfrutáramos, de ciudades antiguas, enseñadme de frente el edificio raro que con más ignorancia hayan dejado levantar al hombre. Colgad de mi pared un cuadro de verdad, que figure en los libros, dedicado a algún rey holandés, de uno de esos pintores que murió en la indigencia ignorando su valor en las casas de subasta. Llenad mi copa o, mejor aún, dejad la botella del vino más caro de Francia, por fuerza ha de ser bueno si entendidos franceses pagan tanto dinero. Ya sabéis lo que me gusta el vino. Baila conmigo una canción de soul en navidad sin nadie que nos vea. Comprometed los viernes conmigo por los bares, comprometed la risa, impostando el perfil de nuestra pobre burguesía, organizadme por fin una fiesta sorpresa.
Os besaré. Estaré alegre, confuso. Mi corazón será a partes iguales ansiedad y delirio. Pero al pasar el viaje, el cuadro en el olvido, si mantengo con fortuna del vino su recuerdo, cuando acabe la música, ya cerrados los bares, la fiesta despedida, volveré a ser el mismo. Mi tiempo necesita, no me engaño, del recuerdo constante de una mujer perdida de antemano. Imaginar las horas, las veladas futuras, junto a ella. Imaginar un punto, un espacio del cuerpo, por ejemplo, un miedo descifrable, una palabra que ella sólo diga. Y asirlo y mantenerlo y acunarlo.
Me salvo así. Busco con sólo aire. Finjo, temo.

sábado, 17 de enero de 2009

La importancia de llevar leotardos


Parón navideño, ¿o es un parón el tiempo de trabajo en medio de nuestras vidas asilvestradas? En quince días no da tiempo al descanso. Han corrido el vino y la vida como en el libro de Rimbaud. Tu felicidad, me decía Kela, es insultante.


Escucho Yo no me doy por vencido, de Luis Fonsi, y me gusta. Mala señal: estoy tontito. Y cuándo ha sido bueno eso para nadie.


Blake Edwards le dio a Vilallonga una joya carísima para que trasteara con ella en el bolsillo durante la escena de la fiesta en Desayuno con diamantes. La intención del director era que el español (brasileño en la peli) presentara cierto aire distinguido, misterioso. Así me siento yo con mis leotardos (El Rubio confecciones, talla G). Nadie los ve, pero ¡cómo deben de notárseme! Primero, aportan una confortabilidad especial ¿Es como llevar a cuestas la mesa de camilla? No, no es la misma cosa, ni es la misma liga; ni siquiera es el mismo jodido deporte. Pero es lo más parecido. El enemigo filtrado por la tela vaquera se choca y sucumbe contra el algodón del leotardo. El segundo motivo es sin duda el más importante. No sé de qué manera lo consiguen, pero no puede negárseles a los leotardos cierta masculinidad. Una vez solventado el escollo almodovariano de ponérselos (es importante en este punto no estirar el empeine; al fin y al cabo, soy un hombre) el leotardo fija la figura, enjuta y aterida en mi caso, la resalta, algo así como el expresionismo viril de cintura para abajo. Y luego está el descubrimiento callado del que han venido disfrutando las mujeres y algún cuco como Víctor Bullate: los apretados muslos suponen un beneficio carnal, de sexo anticipado, un affaire de algodón y canutillo. Queridos hombres, olvidad todo lo aprendido y atreveos. Al fin y al cabo, John Wayne frenaba diligencias y llevaba leotardos.

martes, 23 de diciembre de 2008

Poemas



Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían. Una noche, senté a la belleza en mis rodillas, y la encontré amarga. Y la injurié.




Así comienza Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud. Sam ha encontrado los antiguos poemas que escribí y que le iba entregando en servilletas, papeles sucios y word 98. He recordado que era un joven triste. Tardé en insultar a la belleza demasiado. Antes la mecí largamente. Os dejo aquí algunos de esos poemas. Llamadme ahora, mirad la cara imbécil de feliz que llevo.


jueves, 11 de diciembre de 2008

Bailarinas


Mi amigo Kikemoto y mi amiga Gracia me lanzan tras el vinho verde una estadística desgarradora: tan sólo el 2% de las mujeres alcanza el orgasmo vaginal. Tras preguntar cómo se llama el otro tipo, me niego a creerlo en voz alta. Me aseguran que sí, que desgarradora queda la estadística, puesto que nosotros, al parecer, desgarramos más bien poco. ¿Y a usted qué le importa eso, Porerror, si su vida sexual es un chiste de mal gusto? Señora, me parece que se equivoca usted de blog; yo no hablo con interlocutores. Pruebe en Estatuas verdes, encima viene usted a hacer sangre. Lo que digo es que viene esto a separarnos algo más a hombres de mujeres; es decir, a separarnos más alos hombres, dejándonos en una indigencia social y sentimental que a más de uno le provocará el ánimo de coger el garrote y tirar al monte. Ya sabíamos lo de los preliminares, el circunloquio y demás (idea no compartida, con todo, por todas). Pero esto va más allá. Creía, con Joel Fleischman, que el sexo era algo primario, y a punto estamos de mirarnos el pene con prudencia y ternura. Dónde vas, Manolo, a la manicura, por si follo. Dejemos el tema.


La joven protagonista de La elegancia del erizo trataba de salvar su angustia a través de un "diario del movimiento del mundo"; observaba el espectáculo cinético que la rodeaba en busca de la estética sublime. Ya el futurista Marinetti opinaba que era más hermosa la velocidad de un coche de carreras que La Victoria de Samotracia. Ha vuelto "Fama".
Si para Joey y Chandler lo mejor de Los vigilantes de la playa era que las bañistas corrían, para mí lo mejor de Fama es que las muchachas bailan. El cuerpo de mujer no necesita justificación, pero el baile no es redundancia sino forma que erotiza, y forma en movimiento, sin tregua; la imagen sugiere, el baile provoca.
Lo dijo también el ayudante de Marbelys (Marbelys, de pechos ultramarinos): "en el baile es como la cama". Seguir la línea cambiante del cuerpo femenino. La danza sólo puede surgir del rito sexual o de la invocación a Dios, se mueven las caderas para ofrecer la fertilidad, los hijos, la continuación de la vida. Pero el erotismo es la creación cultural del sexo; el baile como educación sexual. Ay.

viernes, 28 de noviembre de 2008

La CV

Cuando algo funciona, no lo cambies. Agustín.




Un día incluso vino a buscarme la Guardia Civil.

Tenía 14 años y descubrí el amor y la cerveza, frontera dolorosa entre la infancia y la adolescencia que con algún eufemismo tratarán los manuales de psicología. De la escalera y el litro (sin abandonar, por ello, ninguno de los dos) el cambio al bar suponía una ascensión social, de estilo sobre todo, la bienvenida a un mundo pretendido de comunión y decadentismo. La Casa Vieja se convirtió entonces, y hasta hoy, en refugio. Refugio muchas veces de maleantes, embusteros, lagartonas, hampones, mamahostias, bobos ilustrados, sin ilustrar, sevillistas y gente de parecida ralea que feliz y justísimamente en este sitio son denominados con el eterno nombre de mediopelo.
Y es que uno se ha criado allí y ha visto muchas cosas. Y cuando cambie no quedará más remedio que buscarse otro bar.

En la CV ha tenido lugar mi educación sentimental. Hablábamos de sentimientos cuando hablábamos de sentimientos, del futuro cuando no teníamos pasado, de mujeres cada vez que se podía como si habláramos de El dorado.

No se puede, ya lo saben, decir nada de la CV sin hablar de su dueño, alma mater. Pero tampoco puede hablarse de su dueño en una extensión decorosa. Digamos, pues, brevemente, que es síntesis de contrarios: prosaico, bruto, tunante, fascista; pero también romántico, sutil, leal y ácrata.

No sigo, recuerdo tantas cosas que no podría acabar. Dentro de un par de semanas la Casa Vieja cumple 15 años. Nos vemos por allí, donde todo el mundo conoce mi nombre.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Me dice Kela que Robe, de Extremoduro, había entrado en crisis creativa y andaba algo desesperado. Un amigo le dijo que se pintara un huevo, y a punto estuvo de hacerlo. Yo lo estoy pensando. Prometo algo en breve.

jueves, 23 de octubre de 2008

Elogio del ceceo

A esto le falta rigor para ser un poema. A Ángel González le hubiera quedado bien. Pero bueno, ahí tenéis.



En Andalucía,
en algunas ciudades como en algunos pueblos
la lengua se cuela entre los dientes para decir la ese.
Si se lanza suave y es cabal el discurso
lo que los hombres dicen suena claro,
fuera del circunloquio. Limpio, honesto.
Y aunque no fuese cierto pronuncian la verdad.
En ellos las palabras son gestos de franqueza,
saludos con la mano que prologan sonrisa,
desprecio de lo vacuo y la impostura.
Esta cordialidad entre palabra y hombre
tiene cierto cariz, digamos sensitivo,
entre algunas mujeres. Imaginen la boca
para decir lo siento, ya sabes, sin embargo,
el contagio en las manos y en el cuello.
Imaginen también la lengua entre los dientes,
las ganas de morder de nuestros labios finos
lastrados en la farsa del seseo.

viernes, 17 de octubre de 2008

El tiempo

Todo el tiempo del mundo, al menos tienes todo el tiempo del mundo allí en el pueblo. Cuando me levanto de la siesta, me digo en voz alta las tareas de la tarde. Comprar tabaco, algo para cenar, punto. Y sin embargo, me falta tiempo. Me falta todo el tiempo que no me dedico a mí mismo. Me alegra, en cierto modo, este no hacerme falta aparte de mí. Sería el doble de esfuerzo. Nunca he sabido y espero no saber qué significa eso de conocerse a uno mismo, ni estar agusto consigo mismo, etc. Simplemente no me aburro. Pero esto, con sus ventajas, tiene su engaño. Los fragmentos del tiempo. Me divido la tarde, sin quererlo, en framentos de tiempo. No más de 40 minutos en el ordenador. El tabaco. La lectura, obligación que no sé por qué es ahora devoción. La escritura, entre humo e imposible. Acaba "Pasapalabra", sin volumen, y es mi señal para dejar el libro y ponerme con la cena, que ha de dejar sitio, las diez como mucho, para mi espacio insobornable y enfermizo del dvd. Una serie, una película, lo que sea. Necesito la espalda contra el sofá y la película. O sea que tengo todo el tiempo y nunca he sido tan esclavo del tiempo. Esta tranquilidad que no es sino una impostura frente a la realidad, qué cansina la vida. Podría pasarme 30 años así, pausado y conforme, tranquilo por estar satisfecho de no hacer nada. Me salva, sin embargo, el raciocinio (y lo golfo). La incómoda seguridad de que, al menos una vez por semana (¿una vez en la vida?) hay que ignorarse, llevarse el pie a la boca (como dice Alanis) en esto de la vida. Burlar, como un Cid victorioso, la falta de voluntad. Lo tengo planeado. Un beso a todos.

viernes, 3 de octubre de 2008

El señor de las moscas

Como un perro que oye el timbre de su amo, como un infante en el campo desconocido, así salgo el viernes de Gullate, casi derrapando. Se explica de esta manera que a las 10.30 de la mañana ponga en el coche Hound dog, de Elvis, y me suene a coro celestial.
La semana pasada veía a mis antiguos compañeros, y sin embargo amigos, verdadero y feliz. El sábado, en la tele César Millán (quien más me enseña de pedagogía), llamaba a mis amigos, verdadero y feliz. Es absurdo, por verdadero, que la alegría venga por contraste. Me niego a ser tan estúpido, pero ahora mismo es lo que tengo. Hablaré en mi contra.

La expectativa. Es curioso que recuerde de los últimos meses grandes momentos en el coche. Esta mañana el sol temprano de Gullate me despedía como un compadre. La felicidad era algo que esperaba. Lo siento, me digo (últimamente, con quien más hablo, es conmigo). No eres capaz, es imposible, de abrazar el momento. Incluso la expectativa, para un neurótico, es inquietante (esto es largo e íntimo para contarlo aquí). Nos queda, entonces, el día siguiente. Qué complicado.
Qué buenos momentos, sin embargo, en el coche, esperando algo.

Lo he contado ya. Junto al Instituto hay una granja de pavos. Mientras explico el sintagma nominal aparto moscas. El administrativo es Errol Flynn, batiéndose valerosamente con el matamoscas cual florete.

Estoy escribiendo un poema. Lo pondré aquí si lo acabo. Empieza así: Ya no puedo olvidar...

domingo, 14 de septiembre de 2008

Suspicious mind

Mi cartera es en la que pone hijo de puta peligroso. Samuel L. Jackson, Pup Fiction.

Tengo como un escalofrío. Alberto Muñoz Santos, justo antes del síncope.




Septiembre, inmenso lunes en el calendario. Ya hemos olvidado el mar infantil, cuando me baño pienso siempre que desfilo por el borde del mapa. Septiembre, qué pereza, vuelta a la anormalidad del trabajo, arrancados del tiempo sin medida y natural de julio, agosto. Señor de Biedma, no tienen razón los días laborables.
Luego me marcho al pueblo. Olvidar, que nos limpia, es demasiado cruel cuando es impuesto. No sé por qué olvidarme de esas cosas de los días de este año. Al carajo.
Mi amigo cayó ayer redondo, vasobagal, y en su ausencia parece que reía. Después recordamos a la enfermera, diligente y guapísima.
Mi mechero es en el que pone Elvis, que cantaba can´t help falling in love, y que me traduce Sam, antes de hacer un trato.

jueves, 7 de agosto de 2008

Todo lo que ha costado amar el cuerpo,
urdirlo, destilarlo
desde el primer encuentro,
cuando posaba nuevo y aún no era
destino, más que borde,
sagrado todavía.
Largo tiempo nos lleva amar un cuerpo
aunque se doble luego en olvidarlo.
La inocencia del cuello y su manía,
la frescura del labio frente al muslo y su infierno,
el desconocimiento de los pechos profundo y absoluto,
la liturgia perdida de unas manos enclencles
pero que así bastaban.
Quién está dispuesto a más aprendizaje,
insiste, teme, se resigna,
olvida.

domingo, 3 de agosto de 2008

Manitos rosas

Voy a ser tito. Entre marzo y abril del año que viene (Dm). Y yo aquí, escribiendo de vez en cuando sobre melancolía y amor. Mi hermana va a tener un hijo y yo retoco antiguos poemas, sufro una insolación y me dejo la vuelta en las taquillas. Nos vamos de la década sin gloria y por detrás ya avisa el tiempo con sonrisa de párvulo. Es su hora. Estamos ya muy vistos. No nos aguanta nadie. Somos la reposición de una serie antigua y alguien quiere limpiarnos la cara con manitos rosas. Tengo ganas de comprarle algo.

domingo, 20 de julio de 2008

Cuando a veces no hablo tú me hablas.
A pesar de mi gesto, de mi compostura,
no pongas tanto empeño en explicarte:
casi nunca te oigo.
Te conozco del tiempo que no paso contigo,
por eso me despido cuando voy en tu busca.

jueves, 10 de julio de 2008

Si te movieras
cuando la pelvis húmeda golpea,
alcanza, hiere.
Si adelantaras, en extraño equilibrio,
la parte última de niña que te queda
que desde el pecho cae hasta el sexo absoluto.
Después de un ritmo originario,
la involuntaria ofrenda de tu risa
que me cobro y reparo con espanto y silencio,
pues no es cierto que aquí
venzamos algo,
este osario de carne, pérdida y ruinas.
Descansa en mí.
Limítame a dejarme en la derrota.

viernes, 4 de julio de 2008

Leo

Me ha tendido en su patio (elpatiointerior.blogspot.com) dejando a secar mis vergüenzas. Es un hombre de la sierra arrejuntado con una isleña que habla deprisa pero le ama despacio. Su verso es español y elegante. Como a mí, le gustan Castella y el mollate. Como él dice, yo también tengo sólo buenos momentos juntos. Por poco nos echaron del Lizarrán, por borrachos (que no porque yo tirara los palillos, calumnia todavía no derribada). Entre dificultades, siempre lo he visto sonriendo. No sé cómo, pero me caló en dos tardes y me escribió este soneto que estoy a punto de colgar en el estudio. Un abrazo. Nos vemos en nada.


La chaqueta asonante de un bohemio,
el pelo recortado a lo recluso,
ojos casi entornados, en desuso,
laxo caminar, maletín de genio.

Ordenado enseñante por el gremio
rústico de las letras aún en uso,
perseguidor de bellas sin abuso,
Cyrano, rimador de amor sin premio.

Cantautor de canciones embargadas,
guitarrista entre el humo y los licores,
de coplas y letrillas flamenquero.

Diestro en el arte de las carcajadas,
zurdo de pensamientos y colores,
mairenero del alma…, mairenero.

Leopoldo F. Espínola.