
El otro día murió Ángel González. Era el último poeta vivo que me gustaba. Pertenecía a la generación del 50, espléndida. Joaquín Sabina, en el entierro, soltó un: ¡viva Ángel González! Por lo visto era de buen beber, y frecuentaba a Caballero Bonald por Sanlúcar. Poeta que utilizaba la ironía a menudo es en sus poemas amorosos y sencillos donde creo que triunfa. Nos dejó un inventario de lugares propicios para el amor. Sus últimas palabras escritas las leyó García Montero; iban dirigidas a su viuda, Susana Rivera: "Querida Susi, alguna vez tenía que ser. Esto no hay quien lo evite". En su lápida reza el verso que él dispuso: "Este amor, ya sin mí, te amará siempre".